miércoles, septiembre 29, 2004

Alta casuística



Si Yo soy Julio Cesar. Peliagudos saltarines investigan Noruega. Hawaianos esquizoides broncean su piel morena. Contrabando de bebidas se descubre en Groenlandia. Una tribu de africanos se alimenta de piedras. De Pensilvania perseguido por la prensa. Que apaguen la tele un rato. Andar neurótico buscando un antibiótico para sacarte ese patógeno. O quizá. Me gusta tu silueta, forma viperina. Tu fémur, tus caderas, tus hombros, tus axilas. Enróscate a mi cuello. Inyéctame tu veneno. Enróscame entero. Con tu brillante cuerpo. O quizá. Otro mes de vacaciones interno de los marrones. Pero Yo no soy Julio Cesar.

Dijo una vez un fulano cuyo nombre no viene a cuento en un libro cuyo título no viene a cuento algo así como tal cosa:

“[...] Algo. Pero si no te molesta, quiero aprovechar tu visita para preguntarte por tú hermana. ¿No estás borracho, verdad?

- No puede ser. Estoy siempre borracho; en consecuencia no estoy borracho. A esto le llamamos alta casuística. Difícil de explicar.

- ¡Oh, se entiende! - tranquilizo el cura -. ¿Y cómo te va en la casita de la costa?

- Como un Bergner, padre. Fui, vi y vencí Sigo viendo y ya no hay victorias. [...]”

Otro Julio Cesar y un cura que se hace el interesante y que a la vez es su padre y su tio, su confesor y su conciencia. La conciencia de un pueblo entero que odia "la casita de la playa".

Se deja esto, una vez, en un sitio que no viene a cuento, en un momento que no viene a cuento, por una persona que no viene a cuento. Demasiadas cosas salen de dentro para quedarse aquí, donde nadie debería verlas.

“Las marionetas dan, dan,
dan tres vueltas y se van.”