jueves, septiembre 30, 2004

Experiencias en el otro lado (V)



De lo que acontecio una mañana de otoño que no hubo invierno ni primavera y a una mujer en el moño le salió una esparraguera.

Susto mayúsculo está mañana. Me he levantado, como siempre, por el lado izquierdo de la cama, me he encaminado a la ducha dándome golpes con todos los quicios de las puertas que encontraba a mi paso, concretamente dos puertas y la mampara de la bañera. (Ya sé, ya sé, cuando lo de Carmina prometí cambiar la bañera por un plato de ducha, pero ¿qué queréis? Me gusta el riesgo.)

Decía: ducha, albornoz, toalla, desodorante, se seca bien uno entre los dedos de los pies, se calza el gayumbo y una camiseta y a la cocina a buscar el café, mi café, el café de los muy cafeteros, el reconstituyente habitual de todos los días, el desayuno de los campeones, sin mi café no soy yo, soy otro, probablemente el vecino del cuarto, quinto o sexto, o peor, la vecina del primero que me martiriza poniéndose zuecos de madera para andar por la casa.

Primer problema: La cafetera no tiene café hecho. Bueno, no pasa nada, cojo el paquete (de café) con una mano, abro la cafetera con la otra, vierto el café, suelto el paquete, mientras cierro la puerta cojo la jarra, la coloco bajo el grifo, muevo el monomando, todo sincronizado como en una sinfonía perfecta en la ejecución y el tiempo, es digno de ver os lo aseguro, la practica de años hace que parezca una especie de Esther Williams recién duchado y con menos pelo (en la cabeza).

Segundo problema: La cafetera no funciona. Vuelvo a verla, solo la he dejado dos minutos mientras me ponía los pantalones y los zapatos, ¿qué carajo la pasa? No me puedes hacer esto, cabrona. Bramo. Lo del diplodocus a mi lado era como si comparas a Tom Waits con Joselito el Niño cantor, vamos. Patada a la encimera. Puñetazo sobre la misma, golpecitos suaves al monstruo, no sea que solo sean gases y se le pase con esto. No, sigue igual, ¿Tiene agua? Sí ¿Café de los muy cafeteros? Sí ¿Está enchufada? ... Gilipollas, deja de gritar y enchúfala, que los niños del colegio de monjas de enfrente tienen los pelos de punta y se han quedado traumaos.

Pá lo que hemos quedao.