martes, octubre 05, 2004

De gambas y juicios

Resulta que me levanté esta mañana temprano y no era yo, o si era yo pero con mal cuerpo, había tenido un sueño extraño, muy extraño, extrañísimo. Bueno ¡Qué carajo! ¡Cómo la mayoría de los sueños!

Estaba, un servidor, sentado en un banco de madera tapizada con una cretona que imitaba la piel de una jirafa (digo yo que jirafa...), en una sala enorme, con amplios ventanales por los que se filtraba el sol y hacia volumen con la enorme cantidad de polvo que había en el ambiente, de tal forma que solo quedaban iluminadas ciertas zonas (película de abogados, juicio sumarísimo..., para que entréis en materia). Zonas que curiosamente estaban llenas de gambas al ajillo en cazuelitas de barro de ración individual. Ya sabéis, su ajito, su trocito de guindilla y unos gambones del tamaño de mi dedo gordo (que no es que sea grande, pero que para una gamba es más que de sobra)

Total, que allí andaba yo pensando en comerme las gambas y oteando las zonas iluminadas en busca de un trozo de pan que mojar en el aceitillo, lo mejor de la cazuela sin duda, cuando una voz salió de la oscuridad y me quitó el hambre de repente y repelente. Tal que así:

-Póngase en pie el acusado.

-¿E’samí?

-No, la gamba de la quinta cazuela empezando por la quinta columna, no te jode.

-Oiga, que...

-¡Se me levante coño!


A levantarse tocan. ¿Pero cómo? Tengo los pies sobre la barra que va de pata a pata de la silla y el suelo esta lleno de cazuelitas hirviendo, ya no tengo hambre, con lo cual la posibilidad de comerme más de cinco es lejana pero no imposible, y con menos de quince no me caben los pínreles, que los tengo grandes.

Otra sorpresa, llevo calcetines de la abeja maya (lo que me faltaba) y un esquíjama de rayas amarillas y azules horizontales (para rematar el cuadro), vamos que me siento como el hincha más forofo de la barrita infantil del Boca. Pues nada, me subo encima del respaldo de la silla tapizada con piel de jirafa en un equilibrio que ya lo quisiera para sí Pinito del Oro y me apresto humilde, yo, a ver que demonios quiere la voz esa a medio camino entre el Coronel Tejero y Mister Fungairiño.

- Este tribunal, después de haber escuchado sus alegaciones, sopesar las pruebas a favor y en contra, reflexionar profunda y profusamente acerca de su relación con su propia cordura no tiene más remedio que declararle culpable.

(¡Catapún! Golpe de mazo)

- ¡Eh! ¡Eh! ¡Eh!, ¡¿¡Que coño de pruebas, alegaciones, profusiones y gaitas dice usted!?!

- Si desea apelar deberá hacerlo por el conducto reglamentario en su debido momento.

- Pero óigame usted buen hombre.

- ¡Señoría!

- Pues óigame usted, Señor Señoría, si yo no he presentado nada de nada.

- Vaya que no, mi buen reo, anoche en el tercer sueño, tras el receso en el que se levanto a mingitar, presentó usted como testigo al oso Yogui y a don Gato, a los cuales les pusimos una severa multa por no quitarse el sombrero en la sala. (Manda carajo, vaya testigos tengo por gracia)

- Bueno siendo así dicte usted sentencia a ver que tal se me porta y acuérdese del jamón.

- El jamón..., ese también declaró en su contra, presentó como prueba dos bocados alevosos que usted le había dado en plena molla. (Conste que esto lo ha dicho salivando, que se le ha oído como se resorbía la babilla)

- Ah...

- Sí.

- Chivato de mierda, cuando le pille a solas ya hablaremos.

- Discúlpeme usted, amenazas en este nuestro tribunal no, Juan, en este tribunal no.

Y ahora apréstese a escuchar su sentencia: (Se aclara la voz, hace gárgaras con algo, vaya usted a saber que, y sigue) Nos el tribunal. Por el poder que nos ha sido concedido por San Pitopato (¡Jódele que lleva abarcas! Anda que ha dicho los poderes fácticos, Dios o cualquier otra zarandaja. San Pitopato..., hay que joderse...) le hemos encontrado culpable (ya me echare en cara a los otros "nos" y a éste). Y como culpable que es, le condenamos por su deplorable y alevoso comportamiento a la máxima pena que podemos imponer en este tribunal: ¡Inmunidad revocada! (Voz atronadora, que venia incluida con la toga y la peluca, que digo yo que la llevará porque no veo tres en un burro más allá de las gambas)

Ahmmmmmyyyyaaaa. “Inmunidad revocada”. Para esto me levanto yo oliendo a gambas al ajillo en medio de la noche. Para que un tipo que suena como Fungairiño me diga éso... Y ahora a intentar volver a conciliar el sueño. Con suerte podré apelar, y esta vez no se me va ha olvidar llevarme el pan para las gambas.

¿Seria éste?



Podéis apostar a que sí