miércoles, octubre 13, 2004

Manolo y el mar

De cuando en cuando quedo con los amigotes en algún bar, me encanta ver la mirada reprobadora de sus novias o mujeres (los que la tienen), esa que parece decir: “Ya viene el golfo éste. Pues ni de coña, hoy no me lía mi Manolo para que me vaya a casa, que se queda tomando una copichuela con el prenda con la excusa de que hace mucho que no le ve”. Así, todo seguido, pensado sin respirar, cualquier día se ahogan del esfuerzo. Serán desagradecidas, si quedo con ellos es por verlas a ellas... En fin.

Bueno, quedo con ellos cuando no tengo nada mejor que hacer, es decir, cuando me muero de aburrimiento, un par de veces al cuatrimestre más o menos. Y es que no hay un dios que los aguante. La conversación gira entorno a coches, fútbol, motos, fútbol, ordenadores, fútbol, enfermedades venéreas, fútbol, quejidos, fútbol, tías despapampanantes, fútbol, viajes a Benidorm, fútbol, y en contadas ocasiones fútbol.

Total, hay va un fragmento de una conversación cargada de perlas con el tal Manolo:

- Son todos una panda de maricones.

(Manolo es del Madrid, muy del Madrid, demasiado del Madrid, cuando el equipo de sus amores pierde se acuesta sin cenar. Es decir, ni cena él, ni “cena” ella, así lleva esta temporada la cara de amargada que lleva)

- Si se quieren, Manolo, pueden hacer lo que quieran, estamos en un país libre.

- Tómatelo a coña, cabrón, con la pasta que ganan podían esforzarse más.

- Seguro que fuera del campo se esfuerzan mogollón, si es verdad lo que dices, en el vestuario se tienen que montar unas bacanales de aquí te espero.


Hace oídos sordos del comentario, va lanzado, que si Raúl, que si Guti, que si Morientes, que si el negro dentón de mierda que está gordo, que los mandaba a picar a la mina, que dejen de peinarse y que jueguen al fútbol, que para eso les pagan, y vuelve la burra al trigo. Y es que a Manolo cuando se le calienta la boca no conoce. Porque cuando Manolo coge una linde, la linde se acaba, y Manolo sigue. Intento cambiar de tema.

- Te has comprado un coche nuevo, ¿no?

- Sí, tío, sí. Un Seat León Sport veinticuatro válvulas.

- Mira tú, pedazo de auto, con él llegareis a Benidorm en undecirjesús.

- Ya te digo, no veas si “jala”, el otro día lo puse a doscientos veinte en la M-45.

- ¡Ofú! ¿Y qué? ¿Vas a competir en la copa SEAT o qué?

- Abs, Eps, control de tracción, inyección multiválvula, la hostia.

- ¿Y para que quieres tanto coche?

- Errrrrr.... Pues para viajar mejor.

- Para viajar mejor..., ya.

- Si, joder. Imagina que tienes que adelantar a un camión en una carretera de esas de pueblo.

- Puedo imaginar eso, sí.

- Pues le metes la cuarta, le pegas un pisotón y lo adelantas sin problemas.

- Ya..., para frenar en la siguiente curva y jugarte los cuartos en un cambio de rasante. Prométeme que me incluirás en tu testamento.

- No jodas, cabrón, eso ni lo digas, además con ese coche no hay dios que tenga ese problema, con lo que acelera necesito muy poco espacio para adelantar.

Futuro donante el amigo Manolo. No es que me joda que se haya comprado un coche que le ha salido por una pasta, lo que me jode es que no reconozca porque se lo ha comprado.

- Entonces, Manolo, ¿el coche te lo has comprado porque es más seguro?

- Claro.

- Ya, ¿y no te gustaba un Volvo?

- Eso es un coche de viejo.

- Claro, claro. Y a mí que me da que la razón de que te hayas comprado ese coche es que la tienes pequeña.

- Jajajajaja. La tengo más grande que tú, no tiene nada que ver.

- ¿Estás seguro?

- Sí, te veía en las duchas, después de los partidos.

- ¡Manolo! ¡Me mirabas la polla en la ducha! Tendré que hablar de esto con tu chica.

- Dile lo que quieras, mamonazo.

- Vale, ¿de paso le pregunto quien la tiene más grande?

Enrojece de ira, dos opciones: o mantengo la cara de bicho o me pego una risotada antes de que nos hinchemos a hostias. Opto por reírme, Manolo jugaba de medio de delantera en el equipo de Rugby... Su masa muscular es inversamente proporcional a su masa encefálica. Que le pregunten a su mujer.